El mundo perecerá, no entre guerras y apokalipsis laicos, sino de aburrimiento, de hastío nihilista, cual generación flooger asoleándose en los patios del Shooping Abasto, tal cual la profecía de Fiodor; a no ser que quizás, otra vez, como en aquellos tiempos en que la sangre cristiana arrojada a las fieras de la decadente Roma - y a quien nadie apostaba un denario-, termino salvando a esa civilización, rescatando y renovando sus antiguas virtudes olvidadas, a través del primer patricio avergonzado del Circo romano, al contemplar a la muchedumbre y comprender en lo que se había transformado él y su Patria; al ver a una muchacha cristiana que sabía morir digna y orgullosa, incluso ante los leones.
Así, tal vez, el Ángel conmovido, ante las penurias de la Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Nuestra Señora de los Buenos Ayres, abra con su certero dardo el corazón del poeta-patricio -quien atrapa las pasiones de los jóvenes, purificándolo, y a través de él, a todo el estadio de Boca, que luego de mucho tiempo, comprenderá el olor de la rosa en un gol, y no a merka química ventajera.
No esta mal, para comenzar a salvar a esta civilización.
G. K.
2 dic 2009
El nombre del gol.
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