21 dic 2009

Diario de un estudiante de filosofía. Episodios finales. Adiós al Profesorado.




He terminado mi jornada en mi querido Profesorado JVG, y ha llegado el momento –antes de continuar mis pasos en otra comarca- de realizar unas pequeñas consideraciones.

Se me ha acusado de “ofender”.

Me lo han manifestado de diversas maneras a lo largo de los últimos años: …con una mirada recriminadora, una admonición de pretendido tono irónico, e incluso el tono de voz que reclama un enfrentamiento en el campo del honor, por no mencionar la alusión directa en una mesa-tribunal de examen constituida a instancias de “ajusticiarme” en nombre del “pensamiento libre”, y de recibir en el pecho, las andanadas del pelotón de fusilamiento progre academicista de lo políticamente correcto, ante mi crimen.

¿Qué es ofender?

En el mundo existen una serie de reglas tácitas, implícitas en nuestro accionar, que nos circunscriben en el ámbito de lo políticamente correcto, si las transgredimos ingresamos en la zona de lo políticamente incorrecto (P.I.), adonde habrá que asumir las consecuencias de nuestras acciones. Hasta aquí, ninguna novedad.

Supongamos, que formamos parte del Dpto. de Geografía. Sería muy difícil ingresar en lo P.I. hablando de penínsulas y llanuras; quizás –en un esfuerzo malicioso- solo nos acercaríamos a lo polémico al referirnos al cambio climático.

La pregunta es: ¿puede un Dpto. de Filosofía ser políticamente correcto? ¿Acaso no constituye el filosofar un deseo de posesión manifestado en el preguntar constante entre la ignorancia y las ansías de sabiduría?

Si se realiza el ejercicio retórico de plantear la pregunta: “¿Qué diría Aristóteles de las corrientes historiográficas contemporáneas?”, en virtud de lo que él enuncia en la Poética sobre la Historia y la Poesía.

Un historiador marxista o liberal, declarados sabios por Multitud y asentados en la seriedad que otorga el éxito editorial en las librerías de cadena; quizás se sentirían “ofendidos” ante el comentario incómodo, mordaz, políticamente incorrecto; ante el cual, se hace ineludible la opción de rigor inexcusable: el disciplinamiento del rebelde a instancias del academicismo políticamente correcto, orgulloso de sus pergaminos, subsidiado por el Conicet, y con una medalla de mérito por parte del Inadi.


Algunos, ante esta perspectiva, postulan una actitud pragmática de complacencia eventual. Yo digo, a los alumnos y futuros profesores: Cuidado con el perfil en que se están formando en el Instituto, no vaya a ser que esa opción pragmatista se les haga costumbre, y el ser un vulgar lameculos se les haga costumbre de por vida, y anden por las aulas de la Argentina ajusticiando a los rebeldes políticamente incorrectos.

¿Qué diría Sócrates de uds.? Ante la mundación sofista, el no eligió el camino de la complacencia eventual (ni siquiera a riesgo de su valiosa vida), afronto el tribunal de fusilamiento, y se consagro como el Príncipe de los filósofos, a una distancia enorme del academicismo ingenuo que nausea a los rebeldes de por vida, y los convierte en profesores.

Yo, el criminal fusilado...y pensar que tenía planeado pasar por Secretaría a retirar la placa de bronce testigo, en homenaje de mi paso por el Profesorado.

G. K.

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