Rey del espacio, entre panzas reptantes de novatos demonios que regalan canastos de manzanas a la multitud, cual monigote gigante disfrazado, a la salida de Garbarino; aunque incapacitados en lo grotesco, para agregarle color, sabor, substancia, luz; a la pálida fruta conservada en frigorífico químico, - al menos, hasta que la despierte el sórdido beso de Publicidad.
Así, los Orcos olfatean y muerden la manzana, una y otra vez, a precio de descuento, en oferta de estación, o aderezada con la etiqueta parlante “de exportación”; al tomarlas del árbol de las góndolas de los super - chinos (léase librerías de “cadena”).
En el pasaje del árbol de la sabiduría, al árbol de las “librerías de cadena”, hay algo de grotesco.
Las civilizaciones que abrazan ese ámbito, corren distinto destino; algunas (la mayoría) han quedado sepultadas en el tiempo a la espera del Juicio; otras son salvadas. ¿Cómo?
Con sangre.
Nerón arrojando cristianos a la arena, obedeciendo al rugido de la multitud romana en el Circo, mientras un león desgarraba el torso de una muchacha para arrancarle los pulmones de una mordida; -solo porque ella se negaba a arrodillarse ante Nerón (el Estado)-, sacudía en vergüenza el recuerdo viril de lo que había sido Roma, ante una simple muchacha, que al menos, a pesar de ser cristiana, sabía morir.
El primer romano que comprendió lo grotesco de su civilización, lo hizo por su vergüenza lavada en sangre.
He notado en el viento, el susurro de la sugerencia universal que se siente cómoda en la vida monacal, alejada del mundo en el confort de la celda de clausura con el panorama de una Bella vista, a la espera del Juicio, o al menos de sus inequívocas señales decodificadas en Plasmas de 32 pulgadas.
Al menos, los cristianos de antaño, no morían de aburrimiento viendo Direct TV, protegidos por las Rejas del country.
G. K.
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