15 jul 2009

Rizos nihilistas




Al igual que el círculo cuadrado abría el camino de la vigilia, al encontrarse con ella en situación tan íntima, cuando en realidad no se le permitía tomarla ni de la mano, era condición suficiente para despertarlo acalorado.

La había descubierto, con su expresión desolada, cual delfín en universo de arena, y por ello, quizás, siempre amante del caos, del desorden, del nihilismo militante, que adornaba de “proclamas” a las paredes de los edificios, y en voz desafiante, se tornaba algo violenta, irritable, cuando alguien le esbozaba una pequeña dosis de desaprobación en una inocente ironía –no sarcasmo-, un gesto -¿qué digo gesto?- ¡un ademán!, una mirada….o en su caso, el hecho de haberle robado un beso, ¡era tan susceptible!

Era, en su voluntad de poder, fan devota de Picasso (puesto que ya no hay allí, esencias que representar), y de la deconstrucción chill out, puesto que ante la paradoja de un fogoso abrazo arrebatado, respondía orgullosa y esquiva, con sus rizos al viento y en su exigencia de método (antes del certero golpe al mentón): “Debo deconstruirme”.


Así fue cuando, conmovido (y a la vez indignado) ante la triste y resignada conclusión amorosa de mi amigo:

“Y bue… no era para mí” – “¡snif!”- “¡No debió haber pasado nunca!”;

decidí volcar mis esfuerzos y amplia experiencia de seductor, en planear la adecuada estrategia que alisara a esos rizos petulantes, amurallados en la inmensidad fashion de esa mística de la nada.


Continuará…


G. K.

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