5 jul 2009

¡Guittonizado! Ep. II. El Profesor de Filosofía.





Lo veía rodeado de una aureola de prestigio advertida en un caudal de comentarios que arrastraba cualquier crítica hacia los peñascos donde, entre resignados suspiros, se estrellan las olas.

“¡Que lujo chichos!”, “¡Aprovéchenlo que esta a punto de irse!”, “¡Es el mejor profesor de Filosofía del Instituto!” “¡Tiene un conocimiento erudito sobre Hegel!”

¿Qué es ser un buen Profesor de Filosofía en el Inst. JVG?

Recuerdo horas interminables de tratar de entender que había querido decir Hegel, leyendo párrafo a párrafo (¡cual libro sagrado!), y escuchando el comentario erudito del salame de turno (el típico alumno epígono, un tal Zaratrame) que enuncia certero cual era el color del calzoncillo de H. cuando este le confiesa a Goethe: “Soy el Espíritu que siempre niega”.

Si quiero saber el color del calzoncillo de H, lo busco por Internet. La guadaña de los eruditos, la tumba de los “ratones de biblioteca”, ….es curioso, al decir de Guitton, la técnica comenzó el problema y la técnica lo termina.

¿Qué es ser un buen Profesor de Filosofía?

Recuerdo una frase de su sucesor al leer a Marx (en el caso, hubiese sido lo mismo con Hegel) …..”¿¡Quién es Marx!?”


¿Recuerdan la decisión (y el comentario) de Kierkegaard al abandonar la lectura de Hegel?. Es lo mismo.


¿Acaso uds. se imaginan al Príncipe de los Filósofos leyendo párrafo a párrafo a Hegel?

Por eso mismo él se negó a escribir algo.

La asfixia con la que recuerdo aquellas clases (en realidad curse solo un mes con él, luego nos dejo), me dio la certeza de que la erudición se ahogara en un piélago de Profesores de la burocracia administrativa, que solo pueden recitar una “Historia de la filosofía”, reseñando y leyendo párrafo a párrafo los textos sagrados, cual puritano del Espíritu Absoluto.

El Príncipe de los filósofos sabía que lo único irremplazable es “la intuición, la crítica, la meditación, la síntesis, la invención”…la ironía……..cosas raras en el Inst. JVG.

Gracias por la magia Inmenso Sócrates.


G. K.


Nota: Agradezco a Jean, y sus comentarios inspiradores en “Donde descubro que en la Sorbona enseñé muchas tonterías y donde, sin embargo, me deleito conversando con Sócrates”. (Mi testamento filosófico)

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