27 feb 2009

Deicidas



Sto. Tomás dice que (en Jesucristo) la naturaleza o esencia humana, que es realmente distinta del ser (en todo ente creado) no subsiste por su ser sustancial humano, sino que existe por el ser personal del Verbo, que suple al ser creado y Actualiza la naturaleza humana.


Entonces,


…la Encarnación (por ej.) ¿produce un cambio en Dios? No, si ella consiste en que el Verbo hace subsistir a la naturaleza humana de Cristo.


El Sol no cambia cuando uno se broncea en la playa con los ojos atentos al mar; así el Sol del Verbo permanece inmutable en sí cuando una naturaleza humana es hecha subsistir por él.
Asimismo, nuestro pensamiento no sufre cambio alguno cuando se “encarna” en letras y palabras escritas en tinta. Por más que esas letras se descoloren, así el Pensamiento Divino permanece inmutable.
Es decir, lo que Es, no puede No Ser; además, a Jesucristo no lo alcanza el Pecado Original, como a nosotros, descendientes de Adán, por lo cual Él, en un acto de suprema caridad abraza voluntariamente a la muerte.


El Señor ama al discípulo, lo ama con locura. Decía Castellani que “estar enamorado y tener seso a la vez no puede ser, y sin embargo así fue en el caso de Dios”. Dios no necesita al discípulo, pero le ama.


Si Cristo sufre y muere, no se cambia Dios, sino la naturaleza humana que subsiste por el Ser Divino; y sin embargo, estando tal naturaleza unida a Cristo con la unión Hipostática, esos sufrimientos y esa muerte son los dolores del Hombre- Dios.


La muerte de Nuestro Señor encierra tal misterio, que nuestra débil inteligencia apenas lo puede sondear.


Santo Tomas, a través de sus comentarios sobre el Credo dice:


52. “El que Cristo haya muerto por nosotros es algo tan elevado que apenas nuestra inteligencia lo puede captar; más aún, ni siquiera se nos hubiera ocurrido. Esto es lo que dijo un profeta y recuerda el Apóstol: En vuestros días Yo voy a realizar una obra, una obra que no creeríais si os la contara (Act. 13, 41). Y también Habucuc: En vuestros días se cumplirá una obra que nadie la creerá cuando se narre (1, 5). Pues la gracia de Dios y su amor por nosotros son tan grandes, que lo que Dios hizo por nosotros supera lo que podemos entender”.


“Sin embargo, no debemos creer que Cristo haya sufrido la muerte de tal modo que muriera su Divinidad; lo que en Él murió fue la humana naturaleza. Pues no murió en cuanto Dios, sino en cuanto hombre”.


66. Es decir, “la muerte de Cristo consistió en la separación del alma y del cuerpo, como en los demás hombres, pero la Divinidad estaba tan indisolublemente unida a Cristo hombre, que aun cuando el alma y el cuerpo se separaron entre sí, la Divinidad misma estuvo siempre perfectísima unida al alma y al cuerpo. Por eso el Hijo de Dios estuvo en el sepulcro con su cuerpo y descendió a los infiernos con su alma”.


53. “…se podría objetar: si los judíos no mataron a la Divinidad, parece que no hubieran pecado más que si hubiesen matado a cualquier hombre.


A esto podemos responder con un ejemplo: supongamos a un rey ataviado con un lujoso vestido; si alguien manchase aquel vestido, incurriría en la misma falta que si hubiese manchado al rey en persona. De la misma manera los judíos no pudieron matar a Dios, pero al matar la naturaleza humana asumida por Cristo, fueron castigados tan severamente como si hubiesen matado a la misma Divinidad.


Además, el Hijo de Dios es el Verbo de Dios, y se puede comparar al Verbo de Dios hecho carne con el verbo (palabra) de un rey escrito sobre un papel. Pues bien, si alguien rompiese el papel donde está escrita la palabra del rey, cometería una falta tan grave como si rompiese la palabra del rey. Por lo mismo se considera el pecado de los judíos de igual manera que si hubiesen matado al Verbo de Dios.”


Es decir, lo expuesto, y enfatizado por el santo: “El que Cristo haya muerto por nosotros es algo tan elevado que apenas nuestra inteligencia lo puede captar”. Nuestro intelecto palidece ante ello, asimismo como el concepto Deicidio, puesto que los misterios no se pueden conceptualizar, y al margen de que las palabras tampoco son en ellas mismas definiciones.


A nivel popular, en la Edad de la Fe, se asociaba a los judíos (sin hacer distinciones en cuanto a los fariseos) al concepto de deicidas. Los poderes terrenales de turno, solían utilizar esa animadversión popular para sus propios fines. Por ej. algunas monarquías, que expulsaron a los judíos de sus reinos, podían aprovechar ese término para enriquecer a la Corona con las propiedades de los judíos, y entre las razones que se podían esgrimir, la cuestión del Deicidio era fogoneada a modo de justificación, por lo cual, el término, a nuestro entender, tiene un origen ideológico a fin de demonizar a los judíos.

La Nostra aetate dice:
“Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras”.
“Por los demás, Cristo, como siempre lo ha profesado y profesa la Iglesia, abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación”

G. K.

Nota: Lo expuesto es controversial. Nos sometemos al Magisterio de la Iglesia, ante cualquier posible error.

3 comentarios:

Descendencia de Ioreth dijo...

Después de darme una vuelta creí oportuno aportar a esta entrada lo que sigue.
Fue tomado de una conferencia de Jack Tollers publicada en http://tollers.jack.googlepages.com/etvoilà!

Parece que Castellani cuenta por ahí (perdón la inexactitud):

"Estos días me leyeron un párrafo del Cardenal Bea acerca de los que mataron a Cristo: dice que no el pueblo judío, sino algunos funcionarios judíos mataron a Cristo; pero esos mismos no pueden llamarse “deicidas” porque no sabían que Cristo era Dios.

Con todo respeto, podemos advertir que no sabían lo que era Cristo, pero debían saber; otra cosa sería hacer agravio a Cristo; o sea, pensar que todo un Dios se hizo hombre con el fin de revelarse a los hombres; y no fue capaz de probar que era Dios; ni siquiera a los que lo rodeaban y eran los jefes religiosos de la religión verdadera. No: lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia es que los fariseos, y sus secuaces—una parte del pueblo judío—asesinaron al Mesías; y si ignoraron que lo era, esa fue “ignorancia culpable” y por tanto, el delito es imputable. –“No saben lo que están haciendo”- dijo Cristo en la cruz. Sí, pero antes dijo: “Padres perdónalos”; y si se pide un perdón, hay un delito; y por cierto enorme. El Cardenal se queda con el “No saben lo que hacen”; y se deja el “Perdónalos” porque para él no hay nada que perdonar. Los judíos todavía no lo han crucificado.

CHESTERTON dijo...

Gracias por el aporte, no conocía el texto de Castellani.

Un cordial saludo.

CHESTERTON dijo...

Gracias por el aporte, no conocía el texto de Castellani.

Un cordial saludo.