13 feb 2008

EL BANQUETE, en un monasterio en Mendoza



Un buen vino de los viñedos próximos al monasterio mendocino, donde frailes obsequian su arte de atrapar al tiempo, y hacerlo líquido. Así bebíamos en ese “Banquete” de despedida, antes de volver a nuestras vidas de ciudad, con el suficiente aliento de ánimo para enfrentarnos a la abominable y decadente desolación que envuelve a la civilización de la civitas mundi.


Sócrates
(alzando su copa, y viviendo la certeza de que los dioses no filosofan ni desean ser sabios):
¡Quiero proponer un brindis! ¡Sí! Tal cual!, He observado que estos tiempos de ingenua resignación moderna, no difieren mucho de los míos.
Digamos, las leyes de la vida social, la moral, se rigen por el principio de que “nadie tiene que imponerle la opinión al otro”. Él que pretenda hacerlo será un fundamentalista, un fanático, un……..”provocador”. Creo que no desentonaría en este mundo…


Soren (el “verdadero Hamlet”):
Yo sabía que algo olía a podrido en Dinamarca, donde la religión era adaptada a las circunstancias del momento. ¡Me sumo al brindis!


El Abad (serio, sosteniendo su copa en desafiante ademán):
Tiemblo de pensar en un mundo donde la religión se la conciba en un sentido útil para el servicio público, una religión que se “reduzca” en su doctrina para posibilitar un “encuentro” donde nadie pueda “imponerle una opinión al otro”. Un ecumenismo donde todas las religiones serían verdaderas y por consiguiente todas falsas.


Sócrates (con la copa rebosante de sabiduría y esperanzas bellas):
Ese ecumenismo moral, solo sería posible si los hombres renuncian a la profundidad, si la filosofía abdica en su misión de buscar la verdad, y si todos se convencen de ser simples. Digamos, un hombre puede leer innumerables suplementos en el “Clarín” que versen sobre política, economía, filosofía, teología, biología, arte, arquitectura, y convencerse de que es un erudito en todos esos ámbitos.
Así, los periodistas “aptos para todo servicio”, se permiten el lujo de hablar de todos los temas sin conocer ninguno, porque han renunciado a la profundidad, y por ello están autorizados para hablar por los medios masivos de comunicación.
Y solo así, esa sociedad funciona, y nadie es “provocado”; en ese caso mis estimados hermanos, este humilde servidor sería un inmoral, se me condenaría públicamente como “provocador” y se me obligaría a elegir entre beber el veneno o renunciar a la profundidad de la verdad.


Soren (conciente de que el soñador no puede vivir fuera del mundo):
Las gentes sencillas están confundidas si por “provocador”, entienden a ese espejismo fabricado por el resentimiento de los intelectualoides que recitan a diario sus arengas re-bolu-cionarias. Se confunde filosofía con “mercadería ideológica”, con el “pensar a la moda”. Así mi estimado e inmenso Sócrates, el mundo necesita con desesperación del equilibrio irónico de tus debates con los que conquistaste al mundo.
¡Brindo por eso! ¡La estética del mundo moderno exige una concepción cómica!


El Abad (haciendo un llamado a todos los Caballeros andantes a beber el vino de la abadía):
¡Lo he visto!, ¡asistí al último Congreso de Filosofía!, donde “el tendal de incoherencias y de frivolidades surgidos de voces y plumas congraciadas con ese mundillo trivial, ha desprestigiado a la filosofía, al exhibírsela a través de extravagancias vecinas a la tontería.
La imagen del filósofo se ha teñido de esa pesada cortina de pluralidad igualitarista que la ha equiparado a la de un energúmeno navegando en aguas donde confluyen la ininteligibilidad y la insensatez” (Sacchi M.).

Chester (con la certeza de saber que el hombre religioso siempre es Feliz):
Si el mundo ha renunciado a la profundidad, si hemos tomado la decisión de vivir en la comarca de la superficialidad, entonces nuestra civilización ha sido hechizada con un conjuro cómico.
Difícil sería, al margen de las contradicciones que nos rodean y que son inherentes a este momento del mundo, encontrar un pasaje trágico mas burlesco en toda la historia de la humanidad.
Porque una cuestión es ser payaso y reírse de uno mismo. Pero otra distinta es que la multitud de los hombres se miren orgullosos, rodeados de una aureola de sabiduría, al espejo; pintarrajeados, con narices rojas, vestidos con ropas estrafalarias, ...
...y que sean solemnes en ese circo donde son los actores principales, ante una platea de dioses que ríe, y espero, se compadezca.


Continuará….

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