Lejos de París, soñar con ser un mosquetero del Rey.
Un Rey que no sea esclavo del dinero y que por tanto desprecie a los mercenarios y corruptos.
Un uniforme con una Cruz de Plata sobre una capa de terciopelo azul, un sombrero de altivo penacho, y una espada legada en herencia familiar, que brilla anunciando muerte a los enemigos del rey.
Un rey que no sea un “dirigente oligárquico”, un “polítiquero”, un “primer ministro parlamentarista”, o un “presidente de lo cuantitativo”, sino el reino encarnado, por quien uno pueda elevar orgulloso al cielo su copa rebosante de vino y en una plegaria pedir: ¡Dios salve al rey!
Así me imagino la inspiración de Alejandro Dumas, ante las consecuencias de la revolución francesa, al escribir su sueño mosquetero.
Un Rey que no sea esclavo del dinero y que por tanto desprecie a los mercenarios y corruptos.
Un uniforme con una Cruz de Plata sobre una capa de terciopelo azul, un sombrero de altivo penacho, y una espada legada en herencia familiar, que brilla anunciando muerte a los enemigos del rey.
Un rey que no sea un “dirigente oligárquico”, un “polítiquero”, un “primer ministro parlamentarista”, o un “presidente de lo cuantitativo”, sino el reino encarnado, por quien uno pueda elevar orgulloso al cielo su copa rebosante de vino y en una plegaria pedir: ¡Dios salve al rey!
Así me imagino la inspiración de Alejandro Dumas, ante las consecuencias de la revolución francesa, al escribir su sueño mosquetero.
G. K.
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