“Serás lo que debas ser o no serás nada”
Recuerdo que me hacían repetir esta frase de San Martín una y otra vez, mientras de rodillas sobre un cajón de maíz frente al oscuro rincón de la biblioteca del Colegio, pagaba las culpas de mis recurrentes humoradas juveniles ante los métodos jesuíticos de disciplinamiento.
Pensaba que la cuestión del “deber ser” era inherente al cristianismo por aquello de “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5. 48). Lo dicho es dirigido no a números, sino a seres concretos, no a la humanidad sino a Juan, María, Luis…
Algo entreveía el viejo Sócrates cuando en aquella parodia de juicio, los números (la multitud) lo condenaron a no filosofar más, a abandonar aquellas ideas extrañas con que pervertía a la juventud de Atenas. Sin embargo, al príncipe de los filósofos, su dainmon lo admonizaba permanentemente sobre el lugar que él debía ocupar, le señalaba su “deber ser”, incluso a costa de su propia vida. Y así fue.
Así lo expresa Kierkegaard: “¡Deja de ser un número y sé tú mismo!”
Algo entreveía el viejo Homero cuando los héroes de su poema proclamaban: “…y me envió a Troya, recomendándome muy mucho que descollara y sobresaliera siempre entre todos y no deshonrase el linaje de mis antepasados…” (Ilíada. VI. 205).
Ser siempre el mejor, hiciera lo que fuere, el héroe homérico debía brillar. Así lo entendió Aquiles, aún a costa de su propia vida, puesto que se le había advertido que moriría en Troya, pero alcanzaría la gloria. Así fue. Eligió ser Aquiles.
No podría decir ante la muerte de su amigo Patroclo: “Sé la busco, era joven e inexperto”. No sería Aquiles, sino un cobarde.
Debía ir a buscar a Héctor, y matarlo en combate singular, no en el anonimato de un callejón oscuro, sino delante de toda Troya. Debía atar el cadáver del asesino a su carro y arrastrarlo hasta el campamento, donde Héctor se pudriría al sol, sería pasto de aves y carroña para perros. Así, todos los hombres sabrían que Aquiles le había hecho justicia a su amigo muerto.
Era su deber ser, y así fue.
G. K.
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