
El Emperador confía en Don Luis de Quijada para la educación del príncipe que en Lepanto, haría dejar de sonreír al Sultán.
“El francés es la lengua de nuestro enemigo cristiano y tienes que aprenderla, el latín y el griego son las lenguas de Dios y nos habla en ellas a través de su Santa Iglesia, con el turco solo hablamos con la espada, y ese idioma ya lo estás aprendiendo…”
Luis de Quijada
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