2 ene 2010

Laura no está.



En lo apacible de la noche, a un par de cuadras del ruido de la Avenida, las mesas en las veredas cubiertas de alfombras verdes, un mantel blanco sobre una mesa de madera, y la luz de una de esas lámparas chinas con pantalla de papel.


¡Como se extrañan en el barrio los tanos y gallegos de los almacenes, ante tanto super chino! pensé con resignación al preguntarme:

“¿Por qué una lámpara china en Palermo?”

Lo destemplado de la estética que asesina nuestra poética occidental, al destruir el maravilloso verso compuesto en la pasión ante nuestra musa, que de improviso se transforma de Laura Afrodita en un “No ontendo” de cajera fugada –o agente encubierta- del barbarismo comunista asiático, y por lo tanto: amargada y reticente a reclamo alguno.

Una vela en una copa hubiese sido más pertinente para la velada, al igual que aquella noche en la que se conocieron nuestros abuelos, donde con la última luz de vela, encendieron otra, y juntos la dejaron en ofrenda a la Virgen en la Iglesia cercana a la Plaza, en una promesa que Nuestra Señora hizo realidad.

Ha llegado el tiempo en que la gente pasea indiferente sus miradas, por delante de la Iglesia de la Plaza, y sin embargo, se levantan excitadas de sus mesas, al escuchar la música que anuncia la llegada del millonario chocolateril Fort y sus botas de cuero de serpiente de 2000 dólares, ante el cual, la gente se abalanza, para tocarlo, fotografiarse, y pedirle milagros.

“Cuando los futbolistas sean el referente de una Nación, cuando la gente piense que Serrat es un filósofo, cuando los periodistas sean el referente intelectual de un pueblo, cuando San Pablo sea políticamente incorrecto, cuando la gente le pida milagros a los millonarios serpenteados y camine indiferente ante una Catedral; …volverán las viejas preguntas” (Heidegger).

Yo me conformaría con que –al menos-, vuelvan los tiempos de mis abuelos.

G. K.

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