Decía N., en su "Humano, demasiado humano", De los amigos:
"Sólo medita por una vez para ti mismo cuán diversos son los sentimientos, cuán divididas están las opiniones, aun entre los conocidos más íntimos; cómo incluso opiniones idénticas tienen en la cabezas de tus amigos un lugar o una intensidad enteramente diferentes que en la tuya; cuantísimas veces se presenta el pretexto para el malentendido, para la divergencia hostil. Después de todo ello, te dirás: ¡qué inseguro es el terreno sobre el que descansan todas nuestras alianzas y amistades, qué cerca está los chaparrones o el mal tiempo, qué aislado está todo hombre!"
Para él no habría amigos, como tampoco enemigos.
“Ya en el verano de 1876, a mediados de temporada de los primeros Festivales, tuvo lugar dentro de mí una despedida de Wagner. No soporto nada equívoco; desde que Wagner estuvo en Alemania, condescendió paso a paso con todo lo que yo desprecio — incluso con el antisemitismo...
Fue entonces, en efecto, el momento cumbre para la despedida: pronto obtuve la prueba de ello. Richard Wagner, en apariencia el máximo triunfador, en realidad un podrido y desesperado décadent, SE POSTRÓ DE IMPROVISO, desamparado y abatido, ante la CRUZ CRISTIANA...
¿No tuvo entonces, pues, ningún alemán ojos en la cara ni compasión en su conciencia para ese horrible espectáculo? ¿Fuí yo el único que sufrió por ello? — en suma, el inesperado suceso arrojó sobre mí un relámpago de claridad sobre el lugar que acababa de abandonar — y también ese estremecimiento posterior que siente el que ha corrido inconscientemente un enorme peligro. Cuando proseguí en solitario mi camino, temblaba; no mucho después caí enfermo, más que enfermo, cansado,cansado de la insoportable desilusión ante todo lo que aún sigue entusiasmándonos a nosotros, hombres modernos, ante la fuerza, el trabajo, la esperanza, la juventud, el amor dilapidados por todas partes, cansado de la náusea ante toda la mentira idealista y el debilitamiento de la conciencia, que de nuevo habían logrado ahí la victoria sobre uno de los más valientes, cansado, en fin, y no fue esto lo de menos, de la tristeza de una implacable sospecha — la de que de ahora en adelante estaba condenado a desconfiar más profundamente, a despreciar más profundamente, a estar más profundamente solo que antes.
Pues no he tenido nunca a nadie como Richard Wagner... Siempre estuve condenado a tener alemanes”.
(
Cómo me desligué de Wagner; "Nietsche contra Wagner")
Nietzsche, era un alma vulgar, puesto que solo las almas ordinarias no se percatan de lo extraordinario que reside en los hombres. Frodo y Sam eran Distintos, y ambos eran extraordinarios.
Tolkien se acerca más al asunto en la relación entre Frodo y Sam, en aquella escena en la que Sam se lanza al agua para seguir a Frodo en la peligrosa aventura, a pesar de que él, no sabía nadar. Casi se ahoga y Frodo lo salva, y al mismo tiempo se salva él.
Nietzsche no se hubiese lanzado nunca al agua aunque supiese nadar, se hubiese reído de la debilidad y pequeñez de renacuajo o mosca de Wagner, ese espiritu vulgar indigno de los hombres superiores como él.
El viejo maestro de los que saben, en el libro IX de la "Ética a Nicómaco" nos dice de la amistad aquello de encontrar a alguien con quien compartir una vida virtuosa.
“…la amistad es una asociación, y lo que el hombre es para sí mismo, esto es también para su amigo; ahora bien, en lo que a nosotros concierne, la conciencia de nuestro existir nos es amable y también, por tanto, del amigo; y como esta conciencia se traduce en acto en la vida común, de aquí que con razón los amigos tiendan a ella.
Y lo que la existencia significa para cada hombre en particular o aquello para lo cual apetecen vivir, en esto quieren pasar su tiempo con los amigos por lo cual unos se reúnen para beber, otros para jugar a los dados, otros para el deporte, o para ir juntos de caza o para filosofar en compañía, pasando todos y cada unos sus días en lo que más aman entre las cosas de la vida, porque desde el momento que quieren convivir con sus amigos, hacen y toman parte en las cosas que les dan el sentido de la convivencia.
Y por esto también, la amistad de los malos acaba por ser una amistad perversa, porque inconstantes como son, comunican tan sólo en las malas acciones, y acaban por hacerse hombres corrompidos, asemejándonos los unos a los otros.
Por el contrario, la amistad de los buenos es buena, incrementándose en el trato común. Y así, como puede verse, se hace progresivamente mejores por el ejercicio de los actos amistosos y la corrección recíproca, y se modelan tomando unos de otros las cualidades en que se complacen; de donde dice el proverbio:
De los buenos, las cosas buenas…”
A veces vemos-medimos a los demás, de acuerdo a sus falencias de toda índole, los juzgamos indignos de ser nuestros amigos, indignos de “beber”, “jugar a los dados”, “filosofar” con nosotros, no son lo suficientemente virtuosos.
En el final del Evangelio de San Juan, en cuanto al mandamiento del amor, se dice:
"No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. Ya nos lo llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; YO LOS LLAMO AMIGOS, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre..."
Yo no soy digno de “beber”, “jugar a los dados” con él, y sin embargo me llama amigo. Hay una diferencia ontológica abismal entre el sacrificio que hizo Jesucristo por los demás, en cuanto a donarse a sí mismo; y aunque nosotros jamás podríamos igualar semejante acto, si podemos donarnos a nosotros mismos por los demás (y por él).
Recuerdo, una época, en la que era un bárbaro insensato, y no un Teodidacta, el hombre sofisticado al que uds. leen. Me burlaba en mi ignorancia de cuestiones que no comprendía, y una persona (que no era nietzscheana ni aristotélica, sino cristiana) eligió donarse a sí mismo en un acto de desprendimiento, al regalarme unos tres libros (¡carísimos!) que me llevaron a la encrucijada.
Recuerdo, una época de un mal romance, y la escucha paciente de ese alguien que había dejado sus actividades laborales de lado, porque lo importante no era lo que le pasaba a él o la multinacional, sino al otro.
Hoy son mis amigos y yo de ellos.
G. K.
1 comentario:
2 o 3, o más, de mis propias bárbaras épocas, ya ellos subjetivamente sin espacio e intemporales, pasaron por el camino como prójimo, y fueron amigos en el Amigo, aunque a veces lo comprendí despúes. Tu artículo chester me derivó en un reconocimiento hacia ellos. Y también -aunque no pedían nada- en un exámen de fidelidad a su humilde y sublime legado.
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