“No concibe la diversidad de los sistemas filosóficos como el desarrollo progresivo de la verdad, sino que sólo ve en la diversidad la contradicción.
El capullo desaparece al abrirse la flor, y podría decirse que aquél es refutado por ésta; del mismo modo que el fruto hace aparecer la flor como un falso ser allí de la planta, mostrándose como la verdad de ésta en vez de aquélla. Estas formas no sólo se distinguen entre sí, sino que se eliminan las unas a las otras como incompatibles”. (a)
La actitud de la negación, “el espíritu que siempre niega” (¿por qué siempre?), incluso ante la belleza de un capullo que se abre en flor.
“No entramos a la verdad sino por la caridad” decía el Santo, el alma no conocería si no fuera porque ama, es el amor el que mueve al alma. Más aún, nuestra voluntad es más preciosa que nuestra inteligencia, puesto que ella es la que ama el bien por el cual actuamos; el amor es la causa y sentido de todas nuestras acciones: “Ama y haz lo que quieras”.
San Agustín entendió, “luego de enviar por embajadores a todos mis sentidos exteriores para que te buscasen, y no te halle porque buscaba mal”, que el amor en él, es siempre entendido como un amor hacia el bien, hacia Dios.
“…ninguno te ama, sino el que te ve, y ninguno te ve, sino el que ama. Tardé te ame”.
El “Espiritu que siempre niega”, habla del “saber absoluto” al final de la Fenomenología, de la “Idea absoluta” al final de la “Lógica”, y del “Espíritu absoluto” al final de la “Enciclopedia”.
Una totalidad no cerrada sino abierta (no estática, sino como proceso dinámico), desde donde tendría sentido pensar la naturaleza y la historia. (?)
Romeo, él que no se declara a Julieta con un silogismo (“llámame amor”); sabe que la propensión a lo verdadero, a la realidad, a lo que no es solo aparente, sino certeza, lo persigue con una fuerza apasionada, de la cual él a veces (una debilidad) quisiera descender, pero no puede; ve como sus pensamientos se confunden al tratar de comprender a alguien que quizás nunca se pudo comprender del todo a si mismo.
Porque la contraposición de opuestos de la máquina hegeliana funciona, como cuando caminamos por una estrecha vereda y vemos venir a alguien de frente, en cuanto se puede plantear allí una “lucha a vida a muerte” (¿quién se corre para dejar pasar al otro?), tal cual se describe en la “dialéctica del señor y el siervo” para concebir la realidad.
¿Y….entre dos personas que se aman? (o ¡entre un niño que ama a su hamster!)
Allí la máquina comienza a rechinar, y los ruidos de los engranajes amenazan destruir el Sistema que padece un “eclipse total de corazón”, puesto que este, no solo siente, sino que ve. Y ve lo esencial como decía el niño-sabio desde su planeta.
Romeo, el de la agilidad de acróbata con la cual se desliza por los repliegues más hondos del alma humana, no tiene lugar en el sistema, puesto que su Amor, no parece ser Necesario para llegar a la Autoconciencia.
Sin embargo, la declaración de amor de Romeo, no es adjetiva, sino que es: ¡¡¡cuestión de vida o muerte!
El amor es la salida de emergencia del sistema, el tesoro detrás del cristal el cual hay que golpear con fuerza hasta llegar a Él, cuando alguien sostiene que su “poder” esta legitimado porque en la lucha a “vida a muerte”, él arriesgo más, y por eso es Señor, y el pibe que gana 1.000 pesos por mes en una hamburguesería, en un punto, fue un cobarde, y que por tanto ocupa el lugar que le corresponde; y que él, y todas las víctimas de la “guerra” (en cuanto motor de la historia) son Necesarios.
Julieta (la que comprende que el concepto de Inocencia no pertenece a la lógica, sino a la ética), golpea el ventanal del “Barajas”, anuncio de su inminente arribo justiciero:
“…¿Que luz se abre paso por aquella ventana? Es el oriente, y Julieta es el sol. Levántate, bello sol, y mata a la envidiosa luna,…”
G. K.
(a). Hegel; Fenomenología, Prólogo. La verdad como sistema científico.
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