

Rafael: …las obras sublimes inabarcables, son bellas.
Gabriel: …el resplandor del Paraíso se convierte en noche profunda y tenebrosa…el espumoso mar se enfurece…en la carrera rápida de las esferas.
Miguel: …la desolación precede al vivo resplandor del rayo.
Mefistófeles: …aunque me exponga al griterío del séquito…nada puedo decir del sol y de los mundos; no veo más que una simple cosa: la miseria de los hombres.
El Señor: ¿Por qué has de venir siempre a quejarte? ¿No habrá nunca para ti nada bueno sobre la tierra?
Mefistófeles: No, Maestro; todo allí abajo lo encuentro detestable…los hombres, pobres diablos…ni valor tengo de atormentarlos.
El Señor.: ¿Conoces a Sam?
Mefistófeles: ¿El humilde hobbit de Buenos Aires?
Mefistófeles: Apostemos a que lo perdemos aún, si me permitís atraerle poco a poco a mi camino.
Mefistófeles: …aunque me exponga al griterío del séquito…nada puedo decir del sol y de los mundos; no veo más que una simple cosa: la miseria de los hombres.
El Señor: ¿Por qué has de venir siempre a quejarte? ¿No habrá nunca para ti nada bueno sobre la tierra?
Mefistófeles: No, Maestro; todo allí abajo lo encuentro detestable…los hombres, pobres diablos…ni valor tengo de atormentarlos.
El Señor.: ¿Conoces a Sam?
Mefistófeles: ¿El humilde hobbit de Buenos Aires?
Mefistófeles: Apostemos a que lo perdemos aún, si me permitís atraerle poco a poco a mi camino.
Prólogo en la ciudad de Buenos Aires.
Sam escuchaba a Frodo hablar de sus desventuras. Había comprendido hace algún tiempo, que en ciertas ocasiones no es menester contestar y hablar como si uno estuviese dando cátedra, sino escuchar, dejar que el amigo hable, ayudarlo a librarse de la pesada carga que lo acompaña.
Sam escuchaba a Frodo hablar de sus desventuras. Había comprendido hace algún tiempo, que en ciertas ocasiones no es menester contestar y hablar como si uno estuviese dando cátedra, sino escuchar, dejar que el amigo hable, ayudarlo a librarse de la pesada carga que lo acompaña.
Y mientras Frodo hablaba, parecía que una luz iluminaba sus virtudes. A veces con más intensidad, y otras, sus falencias lo cubrían de tinieblas y se transparentaba. Y sin embargo, él no decía: “que bien que estuve”, o “maneje muy bien la situación”, sino que asumía sus propios errores, y lejos de la auto-justificación, aceptaba sus propias miserias y las consecuencias.
Mefistófeles: ¿Lo ves? Al fin se revela en todos sus atroces actos, cual buitre carnívoro que devora la vida... ¡Frodo no te merece como amigo Sam!. “Yo te llevare por el camino que te hará sentir hombre entre los hombres…decídete y sabrás desde luego cuáles son las delicias que puede proporcionar mi arte, y te daré lo que ningún hombre ha llegado siquiera a entrever”.
Sam: “Lo quiero mucho. Él es así, y a veces, por alguna razón, la luz se transparenta. Pero se transparente o no, yo lo quiero”.
El Señor (antes de la apuesta): “Bien sabe el jardinero cuándo verdea el arbusto que ha de producir más tarde flor y fruto”.
G. K.
Versión libre sobre las obras de Goethe y Tolkien. ¡Perdón maestros!
Mefistófeles: ¿Lo ves? Al fin se revela en todos sus atroces actos, cual buitre carnívoro que devora la vida... ¡Frodo no te merece como amigo Sam!. “Yo te llevare por el camino que te hará sentir hombre entre los hombres…decídete y sabrás desde luego cuáles son las delicias que puede proporcionar mi arte, y te daré lo que ningún hombre ha llegado siquiera a entrever”.
Sam: “Lo quiero mucho. Él es así, y a veces, por alguna razón, la luz se transparenta. Pero se transparente o no, yo lo quiero”.
El Señor (antes de la apuesta): “Bien sabe el jardinero cuándo verdea el arbusto que ha de producir más tarde flor y fruto”.
G. K.
Versión libre sobre las obras de Goethe y Tolkien. ¡Perdón maestros!
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