3 mar 2012

Destino Final Kirchnerista







Hay un cierto orden en el Universo -en ello la Física y la Filosofía se dan la mano-, algo así como el orden eterno que el Demiurgo platónico tiene como modelo para operar sobre el orden sensible (sé que los fans de la genial saga de DESTINO FINAL me comprenderán). Schiavi sufrió un infarto, está en el Hospital; hubo personas víctimas de la MasaKre que no llegarón al Hosp. No es justo. Schiavi, morí como un hombre y no como una RATA K (si te es posible) y colabora con el orden eterno pegándote un tiro.


Destino Final Kirchnerista

En la saga de “Destino Final”, las escenas de las premoniciones son cada vez más logradas, garantizan 50 litros de sangre ¿justiciera? al menos.



En la saga, el destino final, se asocia a una tragedia de fatalismos diversos que de una u otra manera ingeniosa, terminan con la vida de alguien.


No se hace alusión a un “destino final” en un sentido positivo, algo que perdure a través de las viscitudes de la vida y que como una caricia divina de Minerva a Poseidon, nos ofrezca otra oportunidad para llegar a Ítaca. No hay redención, ni tampoco un sentido de justicia evidente, solo fatalismo.



Un sentido de la justicia evidente se manifiesta en el “se lo merecía” alusivo a un villano, pero no es así en “Destino Final” (en apariencia), puesto que no hay villanos, solo algún atisbo de tratar de entender la operatoria del “Destino final” por parte de los protagonistas, y actuar –de diverso modo- para tratar de evitar la muerte.



Sin embargo, en el cine, cuando (por ejemplo) a los dos adolescentes que quedan atrapadas en el solarium, mueren en esa hoguera moderna de radiación, hay exclamativos festejos en el público, celebraciones; algo así como la percepción por parte del público de que la juventud no es la edad de la idiotez, sino del heroísmo. Esas dos adolescentes “se lo merecían”.



“Dust in the wind” advierte sobre el inicio del drama, tanto al comienzo de la película, como al final de la misma; no hay escape posible, es una sinfonía de pedagogía fatalista soberbia, donde Polifemo, Circe, las sirenas y Poseidón triunfan (en apariencia); al menos eso pensaría un extranjero al ver a un moribundo Schiavi (Secretario de Transporte Kakista en el Hospital luego de sufrir un ataque cardíaco), ser decapitado por un instrumento quirúrgico aventado por un aire acondicionado recalentado.


G. K.






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