22 jul 2011

Un argentino en Toronto




A veces me pregunto porque hay lugares tan de porquería en el mundo, ciertamente que Dios nos ha bendecido a los argentinos regalándonos un Edén, y lo sorprendente es que solo apreciamos nuestra Tierra prometida, cuando visitamos el exterior y observamos como los extranjeros han naturalizado sus sufrimientos.


No me vengan con la Medialuna fértil, el fango benefactor del Nilo, la lluvia sucia inglesa, el malévolo frío nórdico, las asquerosas malarias tropicales, ni las pestes asiaticas.


Se entiende la tristeza nostálgica de los tangos gardelianos, porque el solo hecho de pensar en vivir en el exterior (para aquél que conozca a la Argentina) es condición suficiente para comenzar a entonar: "Mi Buenos Aires querido..."


G. K.

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