El beato Juan Pablo II esta cada día más cerca de la Santificación.
Debo replantear mi ancestral predilección por Alejandro VI, el Papa Borgia, tengo su magnífica estampita en mi billetera, en la cual se puede apreciar la belleza de sus actos al hacer malabares con aquellas célebres bulas que repartían el Mundo entre los reyes más dignos de confianza; puesto que mi audacia la cambiaría por la San Juan Pablo II.
¿Cómo sería la estampita de San Juan Pablo II?
Propongo una estética San Jorge matando al Dragón, en la que se aprecie la belleza de la acción de Juan Pablo II aplastando la cabeza de la Bestia Roja marxista, con la leyenda al pie que exprese en solemne devoción: “Azote de zurdos” o “Tiemblen zurditos”.
Quizás un llamado a los artistas del mundo para que la confeccionen en las destrezas de su arte, y luego una exposición en el Museo Vaticano, donde las nuevas generaciones puedan apreciar como la Iglesia bendice a la hora adecuada a sus enemigos de turno, generalmente a la hora de sus respectivos funerales.
Juan Pablo II ¡Santo ya!
¡Santo ya!
G. K.
3 comentarios:
La afirmación de que Cristo, su Madre, los apóstoles y muchos discípulos eran judíos, hace creer a los judaizantes del Concilio Vaticano II y sus patronos judíos que se trata de una posición inatacable, mas es sólo vana ilusión: Cristo no es judío sino Dios porque tiene la doble naturaleza, pero sólo una persona divina. Caracterizarlo como “el judío Jesús” es una blasfemia propia de la herejía ebionita judaizante. El filósofo y judío observante Emmanuel Lévinas, maestro de los teólogos postconciliares, niega de plano el judaísmo de Jesús: “No podemos reconocer un hijo que no es nuestro”. Otro tanto hay que decir de la Virgen María, que es la Madre de Dios y no la “Hija de Sión” progenitora de un judío. Los apóstoles y primeros discípulos eran sí mayoritariamente judíos, pero se quiere olvidar que, mediante un milagro de Espíritu Santo, renacieron en Pentecostés perdiendo enteramente su mentalidad judía y se convirtieron en heraldos y mártires de la religión del Dios Invicto, asesinado precisamente por encarnar la negación más absoluta del judaísmo, al que venció con su Resurrección. Los apóstoles y discípulos fueron perseguidos sangrientamente en todas partes por los deicidas, en forma directa (cuyo ejemplo más acabado es el brutal asesinato del promártir Esteban) o indirecta merced a su poderoso influjo sobre las autoridades del Imperio Romano.
No hay religión más diametralmente contraria al judaísmo que el cristianismo –nombre éste que nació justamente por oposición a él-, como lo demuestra el hecho de que ha sido rechazada desde el principio por los judíos y aceptada de inmediato por los gentiles, de ahí que puede decirse con entera propiedad que es la religión de los no-judíos, “el evangelio de la incircuncisión” (Gál 2, 7).
Por eso, los Padres de la Iglesia denominaron a ésta Ecclesia ex gentilibus. (La catolicidad del cristianismo –a diferencia del judaísmo- es la prueba irrefutable de su divinidad, ya que uno de los requisitos básicos de la verdad es su universalidad). No es casual que en la historia de las religiones el único Dios auténtico, Cristo, es también el único Dios asesinado por los judíos. El odio inextinguible de éstos contra Él y sus fieles, en todo tiempo y lugar es, para terminar, el argumento que pulveriza todos los sofismas judaizantes de Nostra Aetate.
Finalmente, nada más adecuado para ilustrar el cambio total que se ha operado en la Iglesia Romana que lo sucedido con la plegaria Pro perfidis Iudaeis. Su antiquísimo texto es el siguiente:
“Oremos también por los pérfidos judíos, para que Dios Nuestro Señor quite el velo de sus corazones, a fin de que reconozcan con nosotros a Jesucristo Nuestro Señor.
¡Oh, Dios omnipotente y eterno! que no excluyes de tu misericordia a los pérfidos judíos; oye las plegarias que te hacemos por la obcecación de aquel pueblo; para que, reconociendo la luz de tu verdad, que es Cristo, salgan de sus tinieblas. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.”
Estimado Isidro.
Una cuestión es lo referente al polaco Karol, y otra distinta es la que refiere a Juan Pablo II.
Una cuestión se refiere a Ratzinguer y otra a Benedicto XVI.
Además, Nostra Aetate forma parte, no de un Concilio dogmático, sino pastoral. No se definió ningún dogma en el CV II.
En lo personal, no me agradaron algunas actitudes de Karol, pero como Juan Pablo II considero que cumplió la misión para la que fue elegido. Tu posición te acerca a un sedecantismo que no comparto.
Decía San Agustín que si Dios no fuese lo suficientemente poderoso para convertir el mal en bien, entonces no lo hubiera dejado existir. Los judíos tienen una misión, que en parte han cumplido y en parte tendrán que cumplir. ¿No tiene Dios un plan para todos en este mundo? Desde Ramsés hasta Adolfo, a los judíos se los ha perseguido, y se los seguirá persiguiendo (no es cuestión de Historia, de psicología, etc; sino de Teología: la salvación viene de los judíos) dejalos en paz, y a seguir con nuestra vida cristiana, tanto ellos como nosotros estamos "protegidos".
Según Sto Tomás, la esencia y la existencia se distinguen entre sí. Jesús es de esencia humana, pero de existencia divina. Menciono esto por la cuestión que aludís al "judío Jesús". Es cierto que decirlo de esta manera, a lo ebionita, niega la divinidad de Cristo. Si esto se hubiese escrito en una Encíclica me preocuparía, pero no fue así. Recordemos distinguir siempre entre Karol y Juan Pablo II, entre el hombre de carne y hueso que solo se tiene a si mismo, y al Papa que cuenta con la promesa de asistencia divina.
Saludos.
G. K.
leáse "sedevacantismo" por "sedecantismo"
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