En uno de mis ataques de pedantería analítica, recuerdo que Mariana me salvó.
Como uds. saben, el devoto amanerado del “vino espumoso de Canarias” trataba de encontrar un fundamento (juicio sintético a priori), necesario y universal para el Juicio del gusto o como quieran llamarlo.
Es decir, si me gusta o disgusta algo, según él, ello sería individual, interesado en tanto inclina mi deseo hacia la posesión. Si digo que algo es bello, ello sería universal, desinteresado, contemplativo.
Si digo que Luly Salazar me gusta, lo haría desde el interés que me provocaría la inclinación de deseo por poseer su anatomía de actriz porno, puesto que la misma me deleita, me es agradable, en tanto ello proviene de lo sensible de sus curvas.
Si digo que Luly Salazar es bella, ello sería contemplativo en tanto desinteresado. Es decir, el objeto debe subsistir libremente, ajeno a mi interés o necesidad. Si pienso que las curvas han sido tuneadas por un cirujano que utilizo prótesis de plástico similares al material con que se elaboran las bolsas de residuos, el juicio estético desaparece. Lo bello es contemplativo.
Si digo que el glorioso estadio de Boca es bello, es un juicio estético en tanto contemplativo, pero si me pongo a pensar que quizás allí trabajo un obrero simpatizante de River, ello mancharía la aureola de sacralidad de la construcción, puesto que ello me indignaría del mismo modo que a un ateniense ante la belleza del Partenón al descubrir que el arquitecto del mismo fue un bárbaro Persa.
Recuerdo a Mariana saltando sobre un charco de agua que se había formado sobre los adoquines informes de la calle, en medio de la lluvia, apurado su paso por un auto rápido y furioso. Allí en el esplendor de su belleza exhibida (incluso en la vociferación de los insultos hacia el automovilista), la contemple de la manera en que mi juicio estético fue universal, necesario, es decir, sintético a priori (ninguna experiencia podría alterarlo); y deje lo que estaba haciendo y comprendí que debía ir detrás de ella, no porque me hubiese desligado de lo contemplativo, sino porque se evidencio lo incompleto de mi persona, y ello no es interesado desde lo particular, sino universal.
Como uds. saben, el devoto amanerado del “vino espumoso de Canarias” trataba de encontrar un fundamento (juicio sintético a priori), necesario y universal para el Juicio del gusto o como quieran llamarlo.
Es decir, si me gusta o disgusta algo, según él, ello sería individual, interesado en tanto inclina mi deseo hacia la posesión. Si digo que algo es bello, ello sería universal, desinteresado, contemplativo.
Si digo que Luly Salazar me gusta, lo haría desde el interés que me provocaría la inclinación de deseo por poseer su anatomía de actriz porno, puesto que la misma me deleita, me es agradable, en tanto ello proviene de lo sensible de sus curvas.
Si digo que Luly Salazar es bella, ello sería contemplativo en tanto desinteresado. Es decir, el objeto debe subsistir libremente, ajeno a mi interés o necesidad. Si pienso que las curvas han sido tuneadas por un cirujano que utilizo prótesis de plástico similares al material con que se elaboran las bolsas de residuos, el juicio estético desaparece. Lo bello es contemplativo.
Si digo que el glorioso estadio de Boca es bello, es un juicio estético en tanto contemplativo, pero si me pongo a pensar que quizás allí trabajo un obrero simpatizante de River, ello mancharía la aureola de sacralidad de la construcción, puesto que ello me indignaría del mismo modo que a un ateniense ante la belleza del Partenón al descubrir que el arquitecto del mismo fue un bárbaro Persa.
Recuerdo a Mariana saltando sobre un charco de agua que se había formado sobre los adoquines informes de la calle, en medio de la lluvia, apurado su paso por un auto rápido y furioso. Allí en el esplendor de su belleza exhibida (incluso en la vociferación de los insultos hacia el automovilista), la contemple de la manera en que mi juicio estético fue universal, necesario, es decir, sintético a priori (ninguna experiencia podría alterarlo); y deje lo que estaba haciendo y comprendí que debía ir detrás de ella, no porque me hubiese desligado de lo contemplativo, sino porque se evidencio lo incompleto de mi persona, y ello no es interesado desde lo particular, sino universal.
Todos queremos ser de alguien, todos queremos ser Uno.
El amanerado teutón del vino espumoso de Canarias, en su pedantería analítica, conoció a muchas Luly Salazar, y a ninguna Mariana.
G. K.
2 comentarios:
Veo demasiada complacencia empírica... jeje
Salu2
Léete lo último sobre Frege que seguro te encandila
Y pensar que hay gente que se dedica a estudiar esas cosas, te recitan de memoria la tercer crítica, y hacen ponencias sobre el "libre juego" del entendimiento y la imaginación, y...
Espero que no se enoje nadie, pero casi que es un área de la filo para mujeres (si es que te especializas en eso).
No es muy de vikingo decir: "me especializo en estética". En fin, así estamos.
Tus clases sobre Frege, más que para un blog, están para una conferencia de la escuela de la Minoría silenciosa.
Saludos
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