12 abr 2010

Diario de un Magíster en Historia




Al ingresar al Centro Borges de las Galerías Pacífico, te cruzas con mujeres de esbeltos físicos, vestidas para el ballet –se encuentra allí, una conocida escuela de danzas clásicas-, muy distinto de mi pasada experiencia cotidiana, de cruzarme en el edificio del Joaquín, con hipponas de piernas peludas, embebidas rítmicamente en sus danzas pachamámicas; mientras realizaban sus rituales de pegatinas de afiches rojos en las paredes del Instituto. Debo confesar que desarrolle una valiosa prestancia física en los movimientos rápidos y certeros de mis dedos, para arrancarlos de manera fugaz-furtiva, antes de que la horda tejedora de artesanías, acudiera a defender a sus ídolos profanados.

En cierta forma, esta habilidad inesperada –cual improvisado guerrero Kung Fu descubriendo sus talentos-, se manifiesta en la rápida manera en que tomo los innumerables bocadillos de degustación consumista que se me ofrecen en el Shopping devenido en Universidad.

Me estoy preparando –al estilo Kung Fu Panda-para convertirme en el Guerrero Dragón que enfrente a la Bestia Roja que anida allí, encubierta en las entrañas de los cuatro seminarios cuatrimestrales que estoy cursando.

Ampliaremos.

G. K.

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