11 sept 2008

Morirse para el mundo, ante lo demonìaco en el concepto de la angustia.

Tuve que “armar” un programa de Filosofía para el “secundario”,

“…la desesperación…es la enfermedad, no el remedio. …en la terminología cristiana la muerte expresa también la peor miseria espiritual, aún cuando la curación misma sea morirse, morirse para el mundo”. (a)

Juan 15. 18. “Si el mundo los odia, sepan que antes me ha odiado a mí. Si ustedes fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya. Pero como no son del mundo, sino que yo los elegí y los saqué de él, el mundo los odia”.

“Morirse para el mundo”.


Allí se encuentra esa humilde doncella, cajera del Hipermercado de Pompeya, quien desde niña percibió la autenticidad de sus padres, cuando todos los meses llevaban víveres a la Parroquia del barrio, destinados a las gentes que asisten a los comedores comunitarios.

Era su primer sueldo.

Al sentir a sus compañeras acosadas, quisiera ella también entrar al shopping y vestir las galas que llamen la atención del mundo; una falda multicolor, unas botas de tacos altísimos y el perfume que despierta el deseo; y quizás, desde esa estética, quien sabe, responder y purificar con el dardo de una mirada, al corazón del hombre adecuado.


Llega la hora de salida del Hiper, llega la noche en la parroquia; y allí, desde el frío se acerca al calor de un plato de carne y arroz ese muchacho, que en el instante previo eligió no robar el Rapi-pago del locutorio. Ella había hecho lo suyo.

Él esta inundado de alegría, ¡al fin! había ganado sus alas al vencer las asechanzas del demonio en el alma de su protegida. …aunque la astuta serpiente le hace ver los sueños de ella…


.risas, y ostentosos vestidos de gala en el Hall del super-mercado, comentaban el delirio de aquella novata pueblerina que había llenado un “carrito” con paquetes de arroz y raciones de carne, mientras rociaban de perfume clonado con el nombre de la diva de turno, a sus manos, que gesticulaban y olían a códigos de barra. ¡Ella se creía la Madre Teresa de Calcuta! Así, en ese relámpago gestual de parodia, burla que oscurece el rostro, y lo asemeja a la caricatura, se manifestaba lo demoníaco…

“…en el Nuevo Testamento lo demoníaco sólo llega a manifestarse cuando Cristo hace acto de presencia en su contorno. Y, entonces, ya sean los demonios legión, ya se trate de un demonio mudo, el fenómeno siempre es el mismo, es decir, de angustia ante el bien”. (b)

..lo demoníaco…eso la hizo despertar de su pesadilla; la certeza de aquello que antes solo era percibido en lo confuso, ¡ahora!, se le había manifestado ¡por primera vez en su vida!. Adiós a la inocencia, ¿Cómo distinguir al mal del bien sin comer la manzana? La astuta serpiente solo es el “mono de Dios”.


Al mismo tiempo, Johannes Climacus, un nobel y humilde estudiante de Filosofía, “enamorado del pensamiento, o mejor aún, del pensar”, comenzaba a ver destellos de esa manifestación, en tanto la preparación filosófica que “se le prescribía, no le parecía lo suficientemente humilde y modesta”, sino que era propia del mundo, y como tal, en última instancia… solo un piadoso fraude.


Allí esta la Doctora en Filosofía que entre sonrisas sostiene que el Cristianismo es una Ideología y se complace en el aplauso de Multitud, que no comprende que es imposible secularizar la esperanza, la caridad y el amor, puesto que son infinitos y algo reacios a ingresar en el sistema finito de ideas que integran Ideología en sus aspectos morales, psicológicos, intelectuales y sociológicos. ¡Y cuando creen que lo han conseguido, no perciben que su objeto de estudio, ya no es el mismo!


Allí esta el Doctor kantiano que sonríe entre triángulos y ángulos, con la “Imposibilidad de una demostración ontológica de la existencia de Dios”, pero ¡ay! no leyó el opúsculo del Santo, sobre “El Ser y la esencia”. La ignorancia es pecado, según Sócrates. Un cristiano lo diría de otro modo… (consultar: De la desesperación: II, La definición socrática del pecado).


Kant: “Ser no es evidentemente un predicado real, es decir, un concepto de algo que pueda añadirse al concepto de una cosa. Es sencillamente la posición de una cosa o de ciertas determinaciones en sí. En el uso lógico es únicamente la cópula del juicio. La proposición: Dios es todopoderoso, contiene dos conceptos que tienen sus objetos: Dios y omnipotencia, la partícula “es” no es otro predicado más, sino solamente lo que pone al predicado en relación con el sujeto. Pues bien, si tomo el sujeto (Dios) junto con todos sus predicados (entre los cuales figura también la omnipotencia) y digo: Dios es, o hay un Dios, no pongo ningún predicado nuevo al concepto de Dios, sino solamente al sujeto en sí mismo con todos sus predicados, y ciertamente al objeto en relación con mi concepto. Ambos deben tener un contenido idéntico y, en consecuencia, no puede añadirse nada al concepto, que expresa meramente la posibilidad por el solo hecho de que yo conciba (mediante la expresión “él es”) como absolutamente dado su objeto. Y así lo real solo contiene lo meramente posible”. (c)


Continúa el pietista regodeándose triunfal e invencible, con su famoso ejemplo de los billetes para ilustrar sus expresiones (ante las falencias abstractivas de su Iluminista auditorio); como una dulce muchacha al soplar con una sonrisa, las velas de su cumpleaños de quince; mientras su lascivo tío la mira con lujuria, conmovido ante la doncellez de quien se asoma al mundo por primera vez.


Santo Tomás de Aquino, en 1256: “En primer lugar existe algo, como Dios, cuya esencia es su misma existencia; por cuyo motivo algunos filósofos han sostenido que Dios no tiene esencia; porque su esencia no es distinta de su misma existencia. Y de ahí se sigue que Él mismo no esta incluido en ningún género, ya que es necesario que todo lo que esta incluído en su género tenga quididad además de su existencia; ya que la quididad o naturaleza del género o de la especie no se distingue según la noción de naturaleza en aquellos de los que es género o especie; sino que la existencia es diversa en las diversas realidades. Como tampoco es necesario, cuando afirmamos que Dios es solo ser, que caigamos en el error de los que afirman que Dios era aquel ser universal mediante el cual cada realidad es formalmente. Pues el ser que Dios es, es de tal naturaleza, que no es susceptible de ninguna adición, de manera que por su misma pureza o plenitud es un ser distinto de todo ser; por este motivo, en el “Comentario de la IX” proposición del libro “De las causas”, se afirma que la individualización que es propia de la primera causa, que es solo ser (o plenitud del ser), le pertenece por su bondad pura. En cambio, el ser común, del mismo modo que no incluye en su noción ninguna adición, tampoco la excluye de la misma; de lo contrario no podría concebirse que algo es y que este algo que es, además del ser, fuera susceptible de recibir algo por añadidura”.

Paralelamente, por más que sea sólo ser, tampoco es necesario que carezca de las otras perfecciones o noblezas; sino que posee todas las perfecciones que están en todos los géneros, por cuya razón se afirma que es simplemente perfecto, como lo afirman en el libro V de Metafísica el filosofo y el expositor: pero las posee de un modo más excelente que todas las demás realidades, ya que todas juntas en Él son uno, mientras que en los demás tienen diversidad; y esto es debido a que todas aquellas perfecciones convergen en Él según su ser simple; como si uno a través de una sola cualidad pudiera realizar las operaciones propias de otras cualidades, poseería en una cualidad todas las cualidades: Así Dios posee en su mismo ser todas las perfecciones”. (d)

Allí esta quien se ríe indignado del “caso” Galileo, y considera los dichos al respecto de Feyerabend como los de un… monaguillo chupacirios……


Y allí, Johannes, ante el descarrío de angustia confusa-bestial de los endemoniados al percibir al bien, decidió, mediante la ironía socrática, abstraerse de los hombres-filósofos y comenzó a “encerrarse consigo mismo para dilatarse en lo divino…, un ensimasmiento que empezaba por cerrar todas sus puertas –y se burlaba de los que quedaban a la parte de fuera-, para hablar con Dios en secreto”. (e)


G. K.


Pd.: el “conocete a ti mismo”, el “elegirse uno a sí mismo”, implican, en la última instancia de la personalidad profunda un: “morirse para el mundo”.


a. Sören, La enfermedad mortal. Prólogo.
b. Sören, El concepto de la angustia.
c. Kant. …de la razón pura. L. II, sección III, cap. IV: De la imposibilidad de una demostración ontológica de Dios.
d. Santo Tomás. Sobre el ser y la esencia, cap. IV.

e. Sören. El concepto de la angustia. II, La angustia ante el bien (lo demoníaco). Lo demoníaco es vacuidad y aburrimiento.

No hay comentarios: